Concejal Sabrina Rodriguez

viernes, 16 de septiembre de 2011

¡Por Memoria, Verdad y Justicia, continuemos con su lucha!

El 16 de Septiembre de 1973, diez estudiantes secundarios de la Escuela Normal Nº3 de La Plata son secuestrados, tras participar en una campaña por el boleto estudiantil. Tenían entre 14 y 17 años. El operativo fue realizado por el Batallón 601 del Servicio de Inteligencia del Ejército y la Policía de la Provincia de Buenos Aires, dirigida en ese entonces por el Gral. Ramón Camps; que calificó al suceso como lucha contra "el accionar subversivo en las escuelas". Este hecho es recordado como "la noche de los lápices".


En el movimiento estudiantil secundario se vivieron experiencias inéditas hasta ese momento en lo referente a participación política, en tanto esta era entendida en un sentido partidario más o menos directo. La política había impregnado el conjunto de la vida estudiantil, dentro y fuera de los colegios.

Las organizaciones políticas vieron incrementado notoriamente el número de sus militantes y su grado de influencia. Las tres fuerzas más importantes eran: la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), La Federación Juvenil Comunista (FJC), y la Juventud Secundaria Peronista (JSP).

En aquellos años se habían alcanzado un nivel de conciencia, acción y participación bastante elevadas; los cuestionamientos al sistema capitalista eran por demás peligrosos para la burguesía y los sectores reaccionarios de nuestro país.

Uno de los objetivos más tenazmente buscado por la dictadura militar que gobernó entre 1976 y 1983, fue neutralizar a buena parte de la juventud y ganar a una porción de ella para su propio proyecto reaccionario.

Para los que no encajaban en sus esquemas, se les aplicaban distintos métodos "preventivos": desde el asesinato y la desaparición, hasta la más refinada forma de marginación social y psicológica, pasando por el encarcelamiento..

Cuando en 1976 los militaresv asumieron el poder, consideraban que en la Argentina había una generación perdida: la juventud. Esta última, de acuerdo a sus pensamientos, se habìa vuelto rebelde y contestataria por la sofisticada acción de “ideólogos”.

Si bien el gobierno militar toma en cuenta la situación en la que se encontraba la juventud argentina, no fue tan obstinado como para suponer que se debía atacar a toda la juventud por igual. La política hacia los jóvenes parte del considerar que los que habían pasado por la experiencia del Cordobazo y demás luchas previas a 1973; los que habían vivido con algún grado de participación el proceso de los años 73, 74 y 75; los estudiantes universitarios y; los jóvenes obreros, eran en su mayoría irrecuperables y, en consecuencia, había que combatirlos.


Para ello utilizaron un pretexto tan obvio como falaz: se trataba de subversivos reales o potenciales que ponían en riesgo al conjunto del cuerpo social. El ser joven pasó a ser un peligro.


Al mismo tiempo, y pensando en el largo plazo, se empezó a desarrollar una estrategia que iba más allá de la eliminación del "enemigo". Se empezó a poner la mira sobre el relevo. Y allí entran los estudiantes secundarios; quienes al momento del golpe tenían entre 13 y 18 años.


Solo tres de ellos aparecieron un tiempo después. Pablo Dìaz, uno de los liberados, declaró en el Juicio a las Ex juntas: "yo pertenecía a la Coordinadora de Estudiantes Secundarios de La Plata y con los chicos en algunos colegios que tenìan "marcados". Y enemigo era todo aquel estudiante que se preocupara por los problema sociales, por fomentar entre los estudiantes la participación y la defensa de los derechos de los mismos".


Quiénes fueron los chicos asesinados


Daniel Alberto Racero: "Calibre", 18 años. Hijo de un suboficial naval peronista que muriò en el 73, trabajò desde pibe como mensajero. Cuando ingresó a la UES del Normal Nº 3 de La Plata, escribió "Encontré una trinchera para luchar por una causa justa". Realizó labores de vacunación, recuperación de viviendas y de apoyo escolar en los barrios pobres. Asimismo participó de la conquista del BES (Boleto Escolar Secundario). Fue secuestrado en la casa de Horacio Ungaro el 16/09/1976, fue visto en Arana y Pozo de Banfield.


María Claudia Falcone: 16 años. Hija de un ex intendente peronista de La Plata, se sumó a la UES a poco de ingresar a Bellas Artes. Después del ‘73 participó en tareas de apoyo escolar y de sanidad en barrios pobres de La Plata. En el ‘75 participó activamente en la campaña por el BES. Secuestrada el 16/09/1976, en la casa de su abuela paterna, fue vista en Arana y Pozo de Banfield.


María Clara Ciocchini: 18 años. Alumna de Colegios Católicos, participó del Scoutismo Parroquial y en la UES de Bahía Blanca. Debido a los crímenes de la Triple A y la CNU en esa ciudad, a fines del ‘75 se mudó a La Plata; lugar donde se inscribió en Bellas Artes y se fue a vivir a la casa de Claudia Falcone. Fueron secuestradas juntas el 16/09/1976. Fue vista en Arana y Pozo de Banfield.


Claudio De Hacha: 17 años. Sus padres eran trabajadores con ideas de izquierda y, tras el triunfo de Càmpora, participó de la toma del Colegio Nacional por su democratización. Tímido y gran lector, se incorporó a la UES luego de la muerte de Perón. Como todos, participó en las manifestaciones por el BES. Secuestrado el 16/09/1976, fue visto en Arana y Pozo de Banfield.


Francisco López Muntaner: "Panchito", 16 años. Hijo de trabajador petrolero peronista que, preso durante el Plan Conintes, en el ‘73 se había alineado con el Sindicalismo Ortodoxo. Panchito marchó contra la corriente familiar: era hincha de Gimnasia y Esgrima La Plata y militó en la UES de Bellas Artes. Junto a Claudia Falcone, participó en trabajos voluntarios en barrios humildes y en la lucha por el BES en 1975. Secuestrado el 16/09/1976, fue visto en Arana y Pozo de Banfield.


Horacio Ungaro: 17 años. De familia Comunista, en el ‘74 rompió con la tradición familiar y se sumó a la UES del Normal Nº 3. Gran lector y excelente alumno, participó de la lucha de la Coordinadora por el BES. Realizaba tareas de apoyo en la villa ubicada detrás del Hipódromo Platense. Secuestrado el 16/09/1976, fue visto en Arana y Pozo de Banfield.


Los chicos que sobrevivieron

Cuatro de los chicos que entre el 16 y 17 de septiembre fueron secuestrados, lograron su libertad entre el ‘78 y el ’80; luego de haber estado a disposición del PEN (Poder Ejecutivo Nacional).


Pablo Díaz: 18 años. Hijo de un docente universitario peronista de derecha, fue expulsado de un colegio católico y recaló en "La Legión". Había militado en la UES, pero en 1976 militaba en la Juventud Guevarista. Secuestrado el 21/09/1976. Estuvo en Arana, Pozo de Banfield, Comisaría 3 de Valentín Alsina y U-9 de La Plata. (a disposición del PEN hasta 1980).


Gustavo Calotti: "Frances" 18 años. Egresado del Colegio Nacional de La Plata, era cadete policial cuando fue secuestrado el 08/09/1976. Había militado en la UES, pero en el ‘76 ya se había desvinculado y estaba más próximo a agrupaciones de izquierda. Estuvo en Arana, Pozo de Quilmes, Comisaría 3 de Valentín Alsina y U-9 de La Plata (a disposición del PEN hasta 1979).


Emilce Moler: 17 años. Militante de la UES en la Escuela de Bellas Artes, era hija de un comisario inspector retirado. Secuestrada el 16/09/1976. Estuvo en Arana , Pozo de Quilmes, Comisaría 3 de Valentín Alsina y Devoto (a disposición del PEN hasta marzo del 78).


Patricia Miranda: 17 años. Estudiante de Bellas Artes, nunca participó de las luchas por el BES ni tuvo militancia política. Secuestrada el 17/09/1976, nunca quiso realizar la denuncia. Estuvo en Arana y Pozo de Quilmes, Valentín Alsina, Devoto (a disposición del PEN hasta marzo del 78).



Los otros secuestrados


La Comisión Provincial de la Memoria registra varios "ensayos" de la Noche de los Lápices.


El 1 de septiembre, y tras ser interrogados por el vicerrector del Colegio Nacional de La Plata; Juan Antonio Stormo, fueron secuestrados a pocas cuadras cuatro alumnos: Eduardo Pintado, Víctor Vicente Marcaciano, Pablo Pastrana (militantes comunistas) y Cristian Krause (sin ningún tipo de militancia, logró escapar).


El 4 de septiembre fueron secuestrados Víctor Triviño, de "La Legión" (continua desaparecido); Fernanda María Gutiérrez (Liceo Víctor mercante); Carlos Mercante (Colegio del Pilar); Alejandro Desìo; Abel Fuks; Graciela Torrado (los tres del Colegio de Bellas Artes) y; Luis Cáceres (de la Escuela Técnica). Los tres últimos pertenecientes al GESA (Grupo de Estudiantes Secundarios Antiimperialistas).



Hoy los estudiantes secundarios están recuperando aquella tradición de lucha y defensa, por los derechos a una educación al servicio del pueblo y con mayor presupuesto. Hoy los secundarios, sector dinámico de nuestra sociedad, tienen un doble desafío: reconstruir la memoria de lucha de nuestro pueblo.

¡¡¡Por Memoria, Verdad y Justicia, continuemos con su lucha!!!

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