Hoy por la tarde, en el marco de la Sesión Ordinaria nº 34, el Cuerpo Deliberativo manifestó su preocupación por los femicidios acontecidos en nuestro país. Los concejales que se pronunciaron sobre la temática fueron Gastón Crespo, Jacinta Tritten, Valeria Amendolara y Sabrina Rodríguez. A continuación, las palabras esbozadas por la edil Rodríguez en relación a la violencia de género y las causas sociales que propician los flagelos hacia las mujeres.
Las cifras, Sr. Presidente, son realmente alarmantes. Durante el primer semestre de este año fueron asesinadas 151 mujeres en Argentina. Ocho de cada diez de ellas, han muerto en manos de sus esposos, novios o ex parejas. Y lo peor de todo es que, en la mayoría de los casos, esas mujeres habían pedido previa ayuda; la que nunca llegó o no fue suficiente.
¿Pero cuál es el trasfondo real de este tipo de asesinatos?
Como ya nos es conocido, el 27 de noviembre fueron halladas muertas tres mujeres y una niña en una vivienda del barrio ‘La Loma’ de nuestra ciudad. Se trata de Bárbara Santos, Susana Bártoli, Micaela Galle Santos y Marisol Pereya; quienes fueron presuntamente asesinadas por el primer implicado en la causa; la ex pareja de Bárbara, Osvaldo Martínez. Y a partir de este acontecimiento, lo que ya se ha transformado casi en tradición: las páginas de los más diversos periódicos, los noticieros de la TV y programas radiales llenaron la sección ‘Policiales’, asociando este flagelo a un crimen pasional. Y nuevamente, Sr. Presidente, el fantasma de los comentarios de sentido común machista que han rodeado al caso Barreda, hace veinte años atrás.
Porque con estas justificaciones aparentes de amor descontrolado, exceso de celos, problemas graves de convivencia, entre otras tantas; lo que se está logrando es la distorsión de una realidad más profunda: la subordinación que como género tenemos en nuestras sociedades. Una subordinación que se manifiesta de distintas formas, tales como la violencia física y psicológica; el ataque sexual; la agresión patrimonial; las diferencias económicas y laborales a la hora de conseguir un trabajo; el incesto; la violación dentro del mismo matrimonio; la privación del derecho de decidir sobre el propio cuerpo y accionar; etc.
Lo que tiene que quedar claro entonces es que los femicidios implican el crimen de mujeres por su sola condición de mujer, y que encuentran correlato en una cultura históricamente patriarcal y machista. Sólo en este marco puede entenderse la insistencia en la investigación y criminalización de las víctimas, generando cierta impunidad en los asesinos; los que en varios casos aparecen en la escena dotados de licencia para matar. Basta con recordar el desenlace del caso del odontólogo platense: luego de haber sido condenado a prisión perpetua, y a pesar de violar el arresto domiciliario concedido a posteriori, fue finalmente beneficiado con la libertad condicional.
Nosotros como legisladores, la sociedad en su conjunto, la Justicia, las fuerzas de seguridad y los organismos afines; debemos trabajar mancomunadamente y con responsabilidad política para cortar con esta hábito de maltrato hacia el género femenino. Se trata de generar una cultura de reconocimiento del Otro, terminando con las pautas que nos llevan a incorporar conductas aberrantes como cuestiones naturales. Y esto debe lograrse a amplia escala, pues el flagelo a las mujeres es extendida en todos los ámbitos: tanto público como privado; desde los sectores sociales de mayor poder adquisitivo hasta los más carenciados (aunque en estos últimos, este tipo de maltratos ocurre con mayor frecuencia y las personas que lo experimentan se encuentran aún más desprotegidos; eso es una realidad que no debemos pasar por alto).
La compañera Cristina Fernández es el ejemplo más claro de que puede romperse con ese modelo de violencia hacia el más débil. Ella misma ha declarado públicamente la dificultad en el desempeño de su rol, como consecuencia de pertenecer al género femenino. Aún así, es una presidenta mujer que ha obtenido su reelección por segunda vez, reconocida a nivel mundial y que se ha puesto al frente de un proyecto de país; logrando mejoras indiscutibles en la calidad de vida de muchos argentinos.
Hemos conseguido mucho, pero también queda mucho por hacer. Sigamos trabajando por la igualdad de derechos; entre ellos los de género; porque esta es ciertamente una condición necesaria para la construcción de una sociedad más Justa, Libre y con un Pueblo feliz.

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