A TODOS LOS COMPAÑEROS, EN REIVINDICACIÓN DEL DÍA INTERNACIONAL DE LOS TRABAJADORES
Desde su establecimiento en la mayoría de países por acuerdo del Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional, celebrado en París en 1889; el Día Internacional de los Trabajadores (o Primero de Mayo) es una jornada de lucha reivindicativa y de homenaje a los Mártires de Chicago. Estos sindicalistas anarquistas fueron ejecutados en Estados Unidos por su participación en las movilizaciones de lucha, en las cuales se perseguía la consecución de la jornada laboral de ocho horas. Dichas manifestaciones tuvieron su origen en la huelga iniciada el 1 de mayo de 1886 y su punto álgido tres días más tarde, el día 4 de mayo, en la conocida Revuelta de Haymarket.
A lo largo del siglo XX, los progresos laborales se plasmaron en forma de leyes sancionadas en pos de los trabajadores; otorgándoles derechos de respeto, retribución y amparo social. Durante la última década del siglo, algunas de las mejoras alcanzadas cayeron en un franco retroceso como consecuencia del modelo neoliberal.
Perón y los Trabajadores
Ya desde su gestión en la Secretaría de Trabajo y Previsión, el General Juan Domingo Perón manifestó decididamente la necesidad de elevar el nivel de vida del sector trabajador; considerándolo la base fundamental e inmediata de su acción política y motor de la economía nacional. El 1° de mayo, en un mensaje emitido a todo el país, Perón señalaba:
“Sostenemos la necesidad de que todo el que trabaja obtenga una compensación moral, que le asegure el bienestar a que todos tengan derecho. Como asimismo consideramos indispensable que las labores se ejerzan en un régimen humano y alegre, con sus descansos reparadores, en medios higiénicos, sanos y seguros y, sobre todo, dentro de una gran dignidad y respeto mutuo”.
Pasados tres años, en el memorable discurso que el General pronunciara el 1° de Mayo de 1947 en el extraordinario acto celebrado en Plaza de Mayo, entre otros conceptos expresó:
“Este 1° de Mayo, el primero desde que me encuentro en el gobierno, lo festejamos como una fiesta incorporada a las grandes efemérides de nuestra patria; lo festejamos como el advenimiento de una nueva era para esta patria tan amada, por la que trabajamos sin descanso, día y noche, si es preciso. ¡Pasan por mi memoria tantos 1° de Mayo! Desde 1910, siendo estudiante, he presenciado los 1° de Mayo más trágicos de toda la historia del trabajo argentino. Los veo resurgir en 1916; 1917 y 1918, y los veo también mucho después, cuando las masas argentinas llegaban a esta plaza para clamar justicia, desilusionadas por su destino ingrato. Justicia que nunca obtenían, que nunca los alcanzaba”.
