El 16 de Septiembre de 1973, diez
estudiantes secundarios de la Escuela Normal Nº3 de La Plata son secuestrados,
tras participar en una campaña por el boleto estudiantil. Tenían entre 14 y 17
años. El operativo fue realizado por el Batallón 601 del Servicio de
Inteligencia del Ejército y la Policía de la Provincia de Buenos Aires,
dirigida en ese entonces por el Gral. Ramón Camps; que calificó al suceso como
lucha contra "el accionar subversivo en las escuelas". Este hecho es
recordado como "la noche de los lápices".
En el movimiento estudiantil
secundario se vivieron experiencias inéditas hasta ese momento en lo referente
a participación política, en tanto esta era entendida en un sentido partidario
más o menos directo. La política había impregnado el conjunto de la vida
estudiantil, dentro y fuera de los colegios.
Las organizaciones políticas vieron
incrementado notoriamente el número de sus militantes y su grado de
influencia. Las tres fuerzas más importantes eran: la Unión de
Estudiantes Secundarios (UES), La Federación Juvenil Comunista (FJC), y la
Juventud Secundaria Peronista (JSP).
En aquellos años se habían alcanzado
un nivel de conciencia, acción y participación bastante elevadas; los
cuestionamientos al sistema capitalista eran por demás peligrosos para la
burguesía y los sectores reaccionarios de nuestro país.
Uno de los objetivos más tenazmente
buscado por la dictadura militar que gobernó entre 1976 y 1983, fue
neutralizar a buena parte de la juventud y ganar a una porción de ella para su
propio proyecto reaccionario.
Para los que no encajaban en sus
esquemas, se les aplicaban distintos métodos "preventivos": desde el
asesinato y la desaparición, hasta la más refinada forma de marginación social
y psicológica, pasando por el encarcelamiento..
Cuando en 1976 los militares asumieron el poder, consideraban que en la
Argentina había una generación perdida: la juventud. Esta última, de acuerdo a
sus pensamientos, se había vuelto rebelde y contestataria por la sofisticada
acción de “ideólogos”.
Si bien el gobierno militar toma en
cuenta la situación en la que se encontraba la juventud argentina, no fue tan
obstinado como para suponer que se debía atacar a toda la juventud por igual.
La política hacia los jóvenes parte del considerar que los que habían pasado
por la experiencia del Cordobazo y demás luchas previas a 1973; los que habían
vivido con algún grado de participación el proceso de los años 73, 74 y 75; los
estudiantes universitarios y; los jóvenes obreros, eran en su mayoría
irrecuperables y, en consecuencia, había que combatirlos.
Para ello utilizaron un
pretexto tan obvio como falaz: se trataba de subversivos reales o potenciales
que ponían en riesgo al conjunto del cuerpo social. El ser joven pasó a ser un
peligro. Al mismo tiempo, y pensando en el largo plazo, se empezó a desarrollar
una estrategia que iba más allá de la eliminación del "enemigo". Se
empezó a poner la mira sobre el relevo. Y allí entran los estudiantes
secundarios; quienes al momento del golpe tenían entre 13 y 18 años.
Solo tres de ellos aparecieron un tiempo después. Pablo Dìaz, uno de los
liberados, declaró en el Juicio a las Ex juntas: "yo pertenecía a la
Coordinadora de Estudiantes Secundarios de La Plata y con los chicos en algunos
colegios que tenìan "marcados". Y enemigo era todo aquel
estudiante que se preocupara por los problema sociales, por fomentar entre los
estudiantes la participación y la defensa de los derechos de los mismos".
Quiénes fueron los chicos asesinados
Daniel Alberto Racero: "Calibre", 18 años. Hijo de un suboficial naval peronista que
muriò en el 73, trabajò desde pibe como mensajero. Cuando ingresó a la UES del
Normal Nº 3 de La Plata, escribió "Encontré una trinchera para luchar por
una causa justa". Realizó labores de vacunación, recuperación de viviendas
y de apoyo escolar en los barrios pobres. Asimismo participó de la conquista
del BES (Boleto Escolar Secundario). Fue secuestrado en la casa de Horacio
Ungaro el 16/09/1976, fue visto en Arana y Pozo de Banfield.
María Claudia Falcone: 16 años. Hija de un ex intendente peronista de La Plata, se sumó a la
UES a poco de ingresar a Bellas Artes. Después del ‘73 participó en tareas de
apoyo escolar y de sanidad en barrios pobres de La Plata. En el ‘75 participó
activamente en la campaña por el BES. Secuestrada el 16/09/1976, en la casa de
su abuela paterna, fue vista en Arana y Pozo de Banfield.
María Clara Ciocchini: 18 años. Alumna de Colegios Católicos, participó del Scoutismo
Parroquial y en la UES de Bahía Blanca. Debido a los crímenes de la Triple A y
la CNU en esa ciudad, a fines del ‘75 se mudó a La Plata; lugar donde se
inscribió en Bellas Artes y se fue a vivir a la casa de Claudia Falcone. Fueron
secuestradas juntas el 16/09/1976. Fue vista en Arana y Pozo de Banfield.
Claudio De Hacha: 17 años. Sus padres eran trabajadores con ideas de izquierda y, tras el
triunfo de Càmpora, participó de la toma del Colegio Nacional por su
democratización. Tímido y gran lector, se incorporó a la UES luego de la muerte
de Perón. Como todos, participó en las manifestaciones por el BES. Secuestrado
el 16/09/1976, fue visto en Arana y Pozo de Banfield.
Francisco López Muntaner: "Panchito", 16 años. Hijo de trabajador petrolero
peronista que, preso durante el Plan Conintes, en el ‘73 se había alineado con
el Sindicalismo Ortodoxo. Panchito marchó contra la corriente familiar: era
hincha de Gimnasia y Esgrima La Plata y militó en la UES de Bellas Artes. Junto
a Claudia Falcone, participó en trabajos voluntarios en barrios humildes y en
la lucha por el BES en 1975. Secuestrado el 16/09/1976, fue visto en Arana y
Pozo de Banfield.
Horacio Ungaro: 17 años. De familia Comunista, en el ‘74 rompió con la tradición
familiar y se sumó a la UES del Normal Nº 3. Gran lector y excelente alumno,
participó de la lucha de la Coordinadora por el BES. Realizaba tareas de apoyo
en la villa ubicada detrás del Hipódromo Platense. Secuestrado el 16/09/1976,
fue visto en Arana y Pozo de Banfield.
Los chicos que sobrevivieron
Cuatro de los chicos que entre el 16
y 17 de septiembre fueron secuestrados, lograron su libertad entre el ‘78 y el
’80; luego de haber estado a disposición del PEN (Poder Ejecutivo Nacional).
Pablo Díaz: 18 años. Hijo de un docente universitario peronista de derecha, fue
expulsado de un colegio católico y recaló en "La Legión". Había
militado en la UES, pero en 1976 militaba en la Juventud Guevarista.
Secuestrado el 21/09/1976. Estuvo en Arana, Pozo de Banfield, Comisaría 3 de
Valentín Alsina y U-9 de La Plata. (a disposición del PEN hasta 1980).
Gustavo Calotti: "Frances" 18 años. Egresado del Colegio Nacional de La Plata,
era cadete policial cuando fue secuestrado el 08/09/1976. Había militado en la
UES, pero en el ‘76 ya se había desvinculado y estaba más próximo a
agrupaciones de izquierda. Estuvo en Arana, Pozo de Quilmes, Comisaría 3 de
Valentín Alsina y U-9 de La Plata (a disposición del PEN hasta 1979).
Emilce Moler: 17 años. Militante de la UES en la Escuela de Bellas Artes, era hija de
un comisario inspector retirado. Secuestrada el 16/09/1976. Estuvo en Arana ,
Pozo de Quilmes, Comisaría 3 de Valentín Alsina y Devoto (a disposición del PEN
hasta marzo del 78).
Patricia Miranda: 17 años. Estudiante de Bellas Artes, nunca participó de las luchas por
el BES ni tuvo militancia política. Secuestrada el 17/09/1976, nunca quiso
realizar la denuncia. Estuvo en Arana y Pozo de Quilmes, Valentín Alsina,
Devoto (a disposición del PEN hasta marzo del 78).
Los otros secuestrados
La Comisión Provincial de la Memoria
registra varios "ensayos" de la Noche de los Lápices. El 1 de
septiembre, y tras ser interrogados por el vicerrector del Colegio Nacional de
La Plata; Juan Antonio Stormo, fueron secuestrados a pocas cuadras cuatro
alumnos: Eduardo Pintado, Víctor Vicente Marcaciano, Pablo Pastrana (militantes
comunistas) y Cristian Krause (sin ningún tipo de militancia, logró escapar). El
4 de septiembre fueron secuestrados Víctor Triviño, de "La Legión"
(continua desaparecido); Fernanda María Gutiérrez (Liceo Víctor mercante);
Carlos Mercante (Colegio del Pilar); Alejandro Desìo; Abel Fuks; Graciela
Torrado (los tres del Colegio de Bellas Artes) y; Luis Cáceres (de la Escuela
Técnica). Los tres últimos pertenecientes al GESA (Grupo de Estudiantes
Secundarios Antiimperialistas).
Hoy los estudiantes secundarios están
recuperando aquella tradición de lucha y defensa, por los derechos a una
educación al servicio del pueblo y con mayor presupuesto. Hoy los
secundarios, sector dinámico de nuestra sociedad, tienen un doble desafío:
reconstruir la memoria de lucha de nuestro pueblo.
¡¡¡Por Memoria, Verdad y Justicia,
continuemos con su lucha!!!


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